dilluns, 20 d’abril de 2015

Arcoíris en las pizarras



Había llegado a un punto en el que no podía fingir ser heterosexual por más tiempo. Odiaba no poder ser yo mismo. Cuando estás en el armario la gente da por sentado que eres hetero y tienes que soportar afirmar con la cabeza cuando te sueltan los típicos comentarios de “mira qué buena está esa” o “qué pedazo de tetas”, y decir “ya ves”. Me costó mucho enfrentarme a toda esa gente y poder decirles a la cara que sí, que soy marica, que soy maricón, que soy todo eso que me llamaban.

El principio de no discriminación exige que los derechos humanos se apliquen igualmente para toda persona sin importar su orientación sexual. Desgraciadamente, esta premisa no se cumple a ningún nivel en la sociedad, ya que la institucionalización de la heterosexualidad en el mundo sigue presente en pleno siglo XXI. Y es que la homosexualidad no es un problema, pero la homofobia sí: es discriminación. Ésta se basa en un conjunto de estigmas inmerecidos, prejuicios desventajosos, estereotipos y tabúes aceptados dentro de la “normalidad”. Por otra parte, fortalece la intolerancia a la diversidad y facilita los abusos de la autoridad. También promueve la ruptura de las familias y caracteriza superioridades e inferioridades, y negación de igualdad de derechos. Normaliza la desigualdad.


Ahora, volviendo a estudiar varios años después, vuelvo a pasar por lo mismo. Y me vuelvo a encontrar cerrando la puerta del armario por dentro al descubrir comportamientos homófobos entre mis compañeros y compañeras. “Tengo muchísimos amigos gays, no tengo nada en contra de ellos”, esta frase es ya un clásico de la homofobia. Quizá la sociedad no se considere homófoba, pero el 35% de los delitos de odio que se produjeron en España durante el 2014 no se han resuelto y entre ellos los delitos por homofobia encabezan la lista. Está más que claro que vivimos en una sociedad heteronormativa y LGTBIfóbica.

El colectivo LGTBI (lesbianas, gays, transexuales, bisexuales e intersexuales) vive en todo el mundo situaciones complejas a razón de su orientación sexual o de su identidad de género. Las viven en cada lugar de nuestro país de manera continua y continuada, en las casas, en el bullying homofóbico, en el trabajo, en la calle, en los comercios, los hospitales y en las clases. Como vemos, no solo yo me encuentro en esta situación. En muchos centros educativos existen casos de LGTBIfobia y una buena forma de empezar a acabar con este problema desde su origen es educar en igualdad. El pasado día 17 se celebró el Día del Silencio, una iniciativa que iniciaron en 1996 150 estudiantes estadounidenses para denunciar el acoso y la inseguridad que sufren los jóvenes LGTBI en las escuelas. Es muy triste que casi veinte años después sigamos teniendo motivos para reivindicar lo mismo en este día y cada día.

Pero es muy difícil que la sociedad cambie cuando tenemos un gobierno que nos trata como ciudadanas y ciudadanos de segunda categoría. Porque para alcanzar una verdadera igualdad real es necesario elaborar respuestas políticas que pongan las bases para erradicar la violencia y discriminación que vive el colectivo LGTBI.

Pero a pesar de todo no vamos a rendirnos y vamos a seguir librando esta verdadera lucha de David contra Goliat. Vamos a seguir reivindicando esa igualdad para todas y todos, independientemente de la orientación sexual e identidad de género. Le hemos declarado la guerra al heteropatriarcado y no vamos a parar hasta que no quede ni un armario por abrir, ni una pizarra con un arcoíris pintado.




Sergio Rodríguez Parreño
@Hachi_14
Joves Esquerra Unida Elx