dilluns, 8 de juny de 2015

Ofensa nacional


Ofensa nacional, falta de respeto, humillación, desprecio a todas y todos los españoles. Eso parece que significa silbar el himno durante un evento deportivo. Pero, ¿alguien se ha parado a pensar en el por qué de esto?


El paro, la pobreza y la corrupción, entre otras, han hecho que las españolas y los españoles no promulguen con los que mandan en el gobierno ni con la casa real. La pitada al himno es una señal más de que la sociedad española está cansada de que le tomen el pelo una y otra vez. No significa un ataque a los españoles y españolas que sienten el himno como propio y patriótico. No es un ataque al orgullo español. Es un ataque a quienes nos machacan desde arriba.
Igual que aplaudir a un deportista, un artista o un político es sinónimo de aceptación, silbar es una manera pacífica de mostrar rechazo contra algo con lo que no se está de acuerdo. El himno representa, en este momento, a una sociedad podrida desde las instituciones públicas. Silbar el himno significa simplemente manifestar el rechazo a quienes nos echan de nuestras casas, nos quitan el pan, echan por tierra nuestra educación y nuestra sanidad, nos roban en nuestra cara y para colmo se ríen de ello.

Mucha gente, muchísima,  se ha sentido ofendida por la pitada masiva que se vivió en el Camp Nou el pasado sábado en la final de la Copa. Yo, en cambio, me siento ofendido por los desahucios, por la pobreza, por el hambre infantil, porque haya miles de estudiantes que han tenido que dejar la universidad por no poder pagar las excesivas tasas impuestas, por los enfermos que se quedan sin atención médica o sin medicamentos, por la población dependiente que no tiene ayudas ni recursos, por todas las mujeres desamparadas que son maltratadas a manos de sus parejas o de cualquiera que pasea por la calle, por el maltrato animal que además se hace público en horario infantil y en una televisión financiada con nuestros impuestos, por la intolerancia y la discriminación hacia el colectivo LGTBI, por los saqueos que se suceden día tras día a manos de nuestros políticos, por todas las personas asesinadas a manos de un dictador que siguen en las cunetas sin ningún tipo de reconocimiento… Pero claro, pitar el himno nacional es una ofensa a mi patriotismo.

“Si no quieren al Rey, que no jueguen la Copa”. Frase recurrida donde las haya. Cierto es que en los últimos años los dos equipos que más se han enfrentado en finales de Copa son Barça y Athletic Club, y claro, la expectación por ver si hay pitada es muy grande…  ¡Si no son españoles! Aunque es algo que no guarda relación. Al igual que un empleado no tiene por qué tener la misma ideología que su jefe y todos los días se levanta para ir al trabajo y hacerlo lo mejor que puede, un futbolista juega los partidos que tiene programados. Que se llame Copa del Rey no le da al monarca la potestad para que el trofeo sea suyo. Al igual que se ha llamado Copa de España, Copa de la República o Copa del Generalísimo, la Copa es un trofeo más en la que a la final acude el Jefe de Estado y se pone el himno para subirle la moral.

Por si la falta de libertad de expresión no fuera ya bastante evidente, además el Comité Antiviolencia entrará de oficio para sancionar a las partes implicadas y tomar medidas ejemplares. En cambio no se manifiestan cuando cada domingo escuchamos en los estadios españoles cánticos racistas, homófobos y machistas que sí promueven la violencia en el deporte. Estamos cansados de ver como adultos y niños -imitando a los primeros- reproducen sonidos de mono cuando un jugador negro -del equipo rival, evidentemente- toca el balón, insultan al árbitro con todo tipo de barbaridades aún antes de empezar el partido, inventan cánticos homófobos contra tres o cuatro jugadores concretos y hasta despliegan pancartas mofándose de una agresión machista por parte de un jugador a su mujer.

Españolas, españoles y agentes supremos del mundo del deporte, revisen en el diccionario el concepto de violencia.




Carlos Martínez Hernández
@CarlosMH87
Joves Esquerra Unida Elx